Miguel Agustín Príncipe
El hombre y el burro
Aunque parezca broma,
Conviniéronse un Hombre y un Borrico
En enseñarse el respectivo idioma;
Y el Burro... …
Los ojos
Los Ojos, si mira o bien,
De Ojos allá, lo ven todo ;
Mas de Ojos acá, no hay modo,
Pues ni ellos propios se…
La mano derecha y la izquierda
Aunque la gente se aturda,
Diré, sin citar la fecha,
Lo que la Mano Derecha
Le dijo un dia a la Zurda.
Y por si alg…
El cuervo, la paloma y la nieve
Con afán el más protervo
Revolcábase agitado
En un monte muy nevado
Cierto negrísimo Cuervo.
U…
El papel y el trapo
A un pobre Trapo que en el suelo estaba
el Papel desdeñaba,
diciéndole : —¡ Anda, sucio ! No te acerques,
…
El burro y la peña
De un monte en el recodo
Rodar amenazaba una gran Peña
Desprendida ya de él casi del todo,
Yendo al fo…
La cicatriz
A Don Juan Don Diego hirió,
Y aunque arrepentido luego
Curó al Don Juan el Don Diego.
La cicatriz le qued&oa…
El lavatorio del cerdo
En agua de Colonia
Bañaba a su Marrano Doña Antonia
Con empeño ya tal, que daba en terco;
Pero a pesa…
Los dos mastines
Un Mastín, que ya sin dientes
De puro viejo se vía,
Ladraba de noche y dia
A toda clase de gentes.
— «…
El oso y la hiena
Viendo a la Hiena en su cueva
Comerse un cadáver yerto,
Le dijo el Oso: «¿en un muerto
Tu saña …