Alba
El Lazarillo de Tormes (Tratado 6)
Deseo y posesión
Las charadas ya no están de moda. ¡Qué tiempos tan buenos para los poetas eran aquellos en que Le Mercure proponí…
La novela en el tranvía
- IV -
Andando, andando seguía el coche y ya por causa del calor que allí dentro se sentía, ya porque el movimiento pau…
El libro de la vida
Los suicidas
No pasa un día sin que aparezca en los periódicos la relación de algún suceso como éste:
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El derecho del primer ocupante
Cuando nacisteis os encontrasteis con padres que os daban todo lo que os hacía falta: comida, vestido, casa y todas las demás…
El cumpleaños de la infanta
Historia verídica
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligi…
El cofre del Cid
A Lucas T. Gibbes
Cuando la crisis era más terrible en Eukaria, la gran ciudad del nuevo Continente, el Rey de las Finanza…
La española inglesa (1)
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
Doctor en medicina
Según Tito Livio, hubo una vez un caballero de gran honor y distinción, rico en amigos y muy acaudalado. El caballero tuvo de…
El mozalbete de la cabeza dura y su hermana del pie pequeño
Los ocios encantadores de la adolescencia desocupada
Se cuenta –pero Alah es más sabio– que en una ciudad entre las ciudades de un p…
El caballero sobre el hielo
Era un invierno largo y riguroso, y nuestro hermoso río, que discurría por la Selva Negra, permaneció durante semanas c…
Platero y Yo
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego—ciudad, amor, gloria—me parece que llego…
El flautista de Hamelin
Había una vez...
...Una pequeña ciudad al norte de Alemania, llamada Hamelin. Su paisaje era placentero y su belle…
La muñeca de porcelana
Una carta escrita por Tolstoi seis meses después de su matrimonio a la hermana más joven de su esposa, la Natacha de Guerra y …
No oyes ladrar los perros
—Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
—No …
La mujer
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la…
La misa de las ánimas
Pues eran un padre y una madre y ambos eran muy pobres y tenían tres hijos pequeños. Pero es que, además de ser tan pob…