Nuestra Señora de París
por Victor Hugo
Leído por Carlos Lombardi
Nuestra Señora de París, de Victor Hugo, publicada en 1831, es un texto que está considerado como una de las obras más importantes del autor y, al mismo tiempo, una obra fundacional del romanticismo francés. Es también, según se advierte en su título, un homenaje a la catedral de Notre Dame, icono y bastión arquitectónico, religioso y cultural de París y de Francia toda. Acá debemos hacer un alto y mencionar que Hugo fue un denodado defensor del patrimonio cultural de Francia, y que en parte esta novela es una denuncia sobre la desaparición por olvido, descuido y desinterés institucional de iglesias, abadías y castillos. Además, presenta en un excepcional capítulo un contrapunto entre la arquitectura y la invención de la imprenta, desarrollando así la relación tan íntima que hay entre ellas y su efecto en la sociedad, la historia y el progreso de Francia. La trama se desarrolla en París en 1482, cuando era una ciudad de estrechos callejones, de plazas, de patíbulos y de diferentes sectores regidos por distintos señores que administraban los impuestos y la justicia según un criterio propio que aún no se subsumía completamente bajo el poder del rey, en este caso Luis XI. En ese escenario es donde conviven la corte, el clero, los estudiantes y los marginados de la llamada Corte de los Milagros, personajes importantes en toda esta trama y cuya incidencia en la historia merecería un capítulo aparte. Se entrelazan así, en su historia, una gitana hermosa y muy joven, un poeta, un capitán de la guardia del rey, un arcediano poderoso y regidor de la catedral y un deforme campanero llamado Quasimodo. Sus destinos se entrecruzan en una historia de amor cuyo hilo conductor es el amor no correspondido. Fantástica mezcla a la que podemos agregar el poder de la iglesia y de la nobleza, adornado por juicios, fiestas populares, motines y ejecuciones. Es una novela que reflexiona fundamentalmente acerca de lo bello y lo feo, la libertad y el encierro, el amor y el odio, y sobre cómo la sociedad plantea quiénes tienen voz y quiénes quedan relegados al silencio social. A Hugo no le tiembla el pulso para la crítica en este punto y se florea con ella. Por último, hay un personaje que no es humano pero que es una construcción humana y figura como símbolo de todo el conjunto: la catedral de Notre Dame, cuyo significado es indisociable del momento que transitaba la sociedad francesa. (Introducción por Carlos Lombardi)
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