Pedro Muñoz Seca
Adán y Evans
(Evans por un lateral con unas cuartillas en la mano.)
Aquí me presento yo, señoras y señores y niños, s…
La pesca milagrosa
Pedro Maclas, el patrón de la Mariposa, la barca que se mecía más gallardamente en el trozo de mar que baña la…
¡Médicos, no!
Cuando despertó el muy reverendo padre Gerundio, un alegre rayo de sol besaba el obscuro suelo de su estrecha celda. Sorprendido el b…
El sermón de las tres horas
— ¿Pedimos otra ronda, compare?
—iCompare, que la vasté a cogé!
—¿Pero es que se me nota que he bebió? …
Joselito el valiente
Durante aquellos días de revolución, el Puerto de Santa María presentaba el aspecto de una ciudad deshabitada. Los pa…
Rafaelillo sin miedo
Aconteció lo que voy a relatar allá por los años de Maricastaña, cuando la pintoresca sierra cordobesa era pat…
La muela de Currito
El ayudante de D. Sebastián Pringuezuela, eminentísimo dentista de Recalamares, abrió la puerta del espacioso sal&oacut…
La suerte de Currillo
Camino adelante y por la no bien cuidada carretera que conduce desde el Puerto de Santa María a Jerez de la Frontera, marchaban tra…
Trance apurado
El tío Cachiporras, el hortelano más bruto de la villa de Chúpateesa, caminaba una tarde caballero en su burra, en dire…