Drama
El pesimista corregido
VII
Cierta tarde otoñal, tibia y serena, paseaba Juan por las umbrías alamedas del Retiro, no lejos de la glorieta del A…
El espectro
Todas las noches, en el Grand Splendid de Santa Fe, Enid y yo asistimos a los estrenos cinematográficos. Ni borrascas ni noches de hi…
El gemelo
La condesa de Noroña, al recibir y leer la apremiante esquela de invitación, hizo un movimiento de contrariedad. ¡Tanto …
La zarpa
Padre, las cosas que habrá oído en el confesionario y aquí en la sacristía... Usted es joven, es hombre.…
El extranjero
III
Tres noches después tomábamos café varios amigos en el precioso casino de Almería.
Cerca de nosotros,…
Aroma de pecado
Sola, en la elegante habitación del hotel, se revolvía en el lecho, sin poderse dormir. Sus carnes producían rumor …
Las cerezas
Cierto día de fiesta del mes de junio, a los postres de una comida de aldea, de las que se prolongan y degeneran en sobremesas interm…
Una mentira
Volvió a su casa ya en la madrugada.
Metió cautelosamente el llavín en la cerradura, con miedo de que ella pudiese esta…
El lujo
La tenía sobre mis rodillas dijo el amigo Martínez, y comenzaba a fatigarme la tibia pesadez de su cuerpo de buena moza.
Dec…
Noche servia
Las once de la noche. Es la hora en que cierran sus puertas los teatros de París. Media hora antes cafés y restaurantes han ec…
David Copperfield
David Copperfield no es sólo un drama sobre la vida de un joven, es una reflexión sobre los eternos temas: la infancia, la juv…
Un sueño
El Rey Don Felipe
El Greco y sus dos acompañantes vieron abrirse por fin una mampara, y fueron introducidos, de la antec&aa…
La sombra
Porque el que se ensalzare será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
(S. Mateo, v. XII, c. XIII.)
Hab…
Vocación
Román subía la escalera de casa de su novia con la alegre presteza habitual. Sus ágiles piernas de veintiséis a&…
El sermón de las tres horas
— ¿Pedimos otra ronda, compare?
—iCompare, que la vasté a cogé!
—¿Pero es que se me nota que he bebió? …
La amortajada
Ahora sólo queda, cerca de ella, el marido de María Griselda.
¡Cómo es posible que ella también llame a su…
El sacerdote
Había casi terminado sus estudios eclesiásticos. Mañana sería ordenado, mañana alcanzaría la uni&o…
La celeste silenciosa
Cerraron el rostro que fue idéntico
Al más alto sueño de la augusta infancia
Y pájaros temerosos en …
Pasión de poeta
Oye lo que sucedió
a un poeta con su ama:
Como dicen que se inflama
de un espíritu su pecho,
de cuyo a…
Las medias rojas
Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de me rodear en el monte del señor amo, el tío Cl…